viernes, 15 de marzo de 2013



El último recurso
Alejandro Morales Mariaca



Por lo que se sabe, aquel misterioso objeto llegó a Londres el 13 de junio del año 2000, causando de inmediato una gran sorpresa, la cual pronto se convirtió en asombro cuando de aquel «vehículo» descendió un ser antropoide cubierto de un liquido rojizo. La multitud allí reunida pasó entonces del asombro al horror en el momento en que, sin motivo aparente, aquel ser se abalanzó sobre uno de los curiosos, devorando de un mordisco la mitad de su cuello. Según los informes que se conservan, la criatura fue prontamente ultimada de un certero disparo a la cabeza, realizado por un policía que había llegado al lugar. Todos celebraron aquella buena puntería y tan oportuna intervención, pero absortos como estaban, no se percataron de que el sujeto atacado, y aparentemente muerto, se incorporó y atacó a su vez a otro hombre. Aquello fue el inicio.  

Sea lo que fuese lo que aquella criatura trajo a nuestro mundo, pronto infectó a gran cantidad de personas, las cuales a su vez murieron y propagaron la infección a miles más a base de mordiscos. Todo sucedió tan rápido que no hubo mucho que se pudiera hacer al respecto. Semana tras semana los infectados (zombies, no muertos, llámenlos como quieran) crecieron en número mientras nosotros nos acabábamos. Diez años después la raza humana se aproximaba a su inminente extinción.

Del misterioso objeto y su ocupante no se volvió a saber nunca. Algunos especularon que ambos fueron ocultados por el gobierno británico (cuando aún existía) o que el vehículo, si es que lo era,  regresó a su mundo de origen cuando su piloto fue asesinado. Lo más probable es que ambos fueran destruidos. En cualquier caso, a nadie le importaba ya, los sobrevivientes intentábamos no pensar en el pasado cuando el futuro se nos escapaba de las manos.

Los pocos sobrevivientes nos ocultamos en subterráneos, cuevas y montañas. Las ciudades se consideraban perdidas desde hacía años. Fue en aquellos aciagos días que llegué como refugiado a Londres, o lo que quedaba de ella. Como zona cero de la infección fue fuertemente bombardeada y desinfectada por los militares, la ciudad se perdió en el proceso, pero sus ruinas se convirtieron con los años en el último bastión seguro de la humanidad. Por supuesto que llegar allí no era sencillo, miles murieron en la penosa y peligrosa peregrinación. Yo fui uno de los afortunados que logró abordar el último navío proveniente de América.

Fue en aquellas ruinas donde conocí al viejo Matt, un escoses que lideraba el campamento de refugiados al que fui asignado y con quien no tardé en forjar una fuerte amistad. En aquel entonces no lo sabía, pero Matt trabajaba en algo que cambiaria para siempre las cosas.

Mi amigo resultó ser un gran científico, el antiguo decano de física de la universidad de Oxford. En 2012 y tras una ingente labor, Matt terminó su gran proyecto, la clave para salvar a la humanidad, ¡una máquina del tiempo! No me pregunten cómo es que lo consiguió, yo mismo lo ignoro, únicamente sé que su invención era capaz de viajar libremente a través del flujo del tiempo, más no del espacio, algo relacionado con el principio de indeterminación de Heisenberg. 

La idea era simple, utilizar su invención para viajar al futuro en busca de una cura a la infección, o en ausencia de ella, un lugar al cual escapar de los monstruos caníbales, para lo cual se decidió que saltaríamos diez años en el futuro. No sin dificultades el viaje se realizó el 24 de diciembre de ese año. No los aburriré con los preparativos ni con los detalles técnicos del proceso de nuestra travesía, sólo les diré que cuando todo terminó y la maquina dejó de vibrar, el panel de instrumentos indicaba la fecha hacia la que habíamos saltado, 24-12-2022.  

Matt y yo esperamos a recuperar el equilibrio y descendimos de la maquina, lo que vimos nos dejo sin aliento. Londres seguía en ruinas y más perturbador aún, no había señal alguna de sobrevivientes. Negándonos a aceptar lo evidente recorrimos los túneles del metro y demás refugios sin encontrar nada más que un paramo inerte. Mi viejo amigo fue el primero en decir lo que ambos nos negábamos a aceptar, la humanidad estaba extinta, aquellos monstruos habían triunfado después de todo. Devastados por la visión de aquel mundo muerto rehicimos el camino de vuelta a la máquina del tiempo, con el peso de semejante conocimiento sobre nuestros hombros.

Desgraciadamente nuestra desventura únicamente acaba de comenzar, al doblar la esquina de un túnel nos topamos con un gran grupo de hambrientos no muertos, los cuales se lanzaron a nuestra caza con una ferocidad que nos heló la sangre. No sin grandes problemas logramos salir de los túneles, siempre con las criaturas pisándonos los talones, pero sólo para encontrar a decenas de ellas deambulando alrededor de la maquina. Jugándonos el todo por el todo nos abrimos paso a sangre y fuego, utilizando las escopetas que habíamos traído con nosotros, a través de la turba de cadáveres que intentaban hacer de nosotros su demencial alimento. Agotamos la munición pero logramos llegar a la maquina justo antes de que la ya inmensa horda nos superara. Matt agotado recargó su espalda en el panel de acceso y me hizo pasar velozmente al interior, pero cuando llegó su turno de hacerlo se negó con un sutil movimiento de cabeza, tan sólo se limitó a sonreírme melancólicamente mientras me mostraba su brazo izquierdo, el cual lucia lo que a todas luces era una herida por mordedura. Sin decir palabra manipuló el panel de control sellando por fuera el acceso.

Estaba solo, completamente solo. Era el último ser humano sobre la tierra, saberlo fue tan abrumador que me llevó a tomar una decisión. Me dirigí a los controles de la maquina y digité en el teclado el único destino posible. La computadora emitió un pitido, indicando que las coordenadas temporales habían sido aceptadas, así que me recosté en el asiento de mi amigo desaparecido y esperé a que la maquina hiciera su magia.

Sí, volvería al pasado y daría aviso sobre los horrores que se avecinarían. Advertiría sobre aquel objeto y su maldito ocupante antes de que desataran su maldición sobre el mundo. Tan concentrado estaba en esos pensamientos mesiánicos, que apenas sentí el mordisco en el cuello. De algún modo una de esas cosas había logrado introducirse en la maquina y aprovechando mi descuido clavó sus impuros dientes en mi carne. Venciendo el dolor y haciendo acopio de todas mis fuerzas golpeé a la criatura con el solido cañón de la escopeta, que por suerte aún sostenía, hasta que escuche como su cráneo se partía con un sonido viscoso, de inmediato la presión sobre mi cuello cesó y la sangre comenzó a cubrir mi ropa. Era mi fin.

En estos momentos la maquina viaja a través del entramado del tiempo, espero que no demore más, puedo sentir como la infección poco a poco se apodera de mí. Puedo sentirla corriendo por mis venas, devorando mis órganos, fracturando mi mente. Tengo que advertirles…

Difícil se vuelve pensar… no escribir bien puedo. Todo confuso es, cuerpo arde… números, números aparecen frente mí… 13-06-2000… algo importante con esos números, yo no recordar… puedo.

¡HAMBRE!

Un muro… desaparece a mi izquierda… salir… ¡debo salir!
Afuera hace frio… gente…gente que mira…
…se ven sorprendidos…
se ven… asustados…
se ven sabrosos…

Lex Morales


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